La región salvaje: Del horror, lo púbico y lo privado

Póster alternativo de la película “La región salvaje” (2016), dirigida por Amat Escalante.

En la tradición narrativa tanto cinematográfica como literaria, son contadas las propuestas que interceptan como eje central el deseo sexual y el horror sobrenatural.

Desde el Marqués de Sade, pasando por Henry Miller o Gioconda Belli, por mencionar algun@s escritor@s representativ@s, se avisora un interés por observar de qué manera la sexualidad y sus conductas pueden explicar rasgos acerca de nuestras sociedades y sus estructuras, muchas veces concebidas en las semillas de la vida privada, siempre acompañada por sus traumas, represiones, deseos y formas de desenvolvimiento.

En el cine contemporáneo (y tal vez, el que suele verse un poco más) se pueden rastrear autores como Gaspar Noé o Lars von Trier, cuyas películas han alumbrado a ese lado oculto que además de generar placer, en ocasiones también permite y desencadena horror y dolor: el deseo sexual.

Estos relatos consideran perfiles de personajes perturbados por condiciones de violencia y desórdenes neurológicos, para acercarse a situaciones límites en donde la vida privada aparecida en la vida pública, genera un conflicto trascendental e irreversible (a propósito de una de las cintas de Noé).

El psicoanálisis, en este sentido, ha sido material de interés para la creación de ficciones que evidencian deseos reprimidos y batallas desencadenadas por los apetitos carnales. Sin ir más lejos, lastimosamente la realidad social nos indica, en historias de agresiones sexuales contadas por el periodismo, que este tipo de horror acecha aún en nuestras sociedades modernas.

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La región salvaje (2016), dirigida por el cineasta mexicano Amat Escalante, ganadora del León de Plata en el Festival Internacional de cine de Venecia de ese mismo año y un premio Ariel a la mejor dirección en 2017, se suma a los filmes de horror que despojan los ropajes del deseo para ver más allá de sus causas y consecuencias.

La historia narra lo que ocurre después de que un meteorito acaba estrellándose en medio de un bosque a las afueras de un poblado rural. Los primeros en descubrir y conocer la naturaleza del asteroide caído son el matrimonio Vega (interpretados por Bernarda Trueba y Óscar Escalante), un par de científicos semi-ermitaños que deciden resguardar en su cabaña a la criatura que estaba encubada al interior de la roca espacial.

Pronto, el señor y la señora Vega recibirán en su cabaña a Verónica (interpretada por Simone Bucio), quien llegó atraída por una fuerza misteriosa que la hará involucrarse en una especie de ritual en el que donará su cuerpo y alma a cambio de un orgasmo sobrenatural, supuestamente muy difícil de lograr con una persona humana.

Después de una de esas sesiones de sexo inter-especista (si es posible llamarlo así), Verónica, tras resultar con extrañas mordidas que ella misma justifica que son de perro, conocerá al joven enfermero Fabián (interpretado por Edén Villavicencio), hermano de Alejandra (interpretada por Ruth Ramos) y cuñado de Ángel (interpretado por Jesús Meza).

Fotograma retomado de la película: Ruth Ramos (izquierda) y Jesús Meza (derecha), interpretan a un matrimonio que está marcado por la violencia doméstica, la cual, como es de esperar, acaba construyendo un camino por sendas oscuras y en donde alguien, definitivamente, saldrá muy mal herido.

Entre Fabián, Alejandra y Ángel hay un triángulo amoroso que pronto descubriremos, es parte de un secreto que ha sido enterrado por el machismo y las apariencias de la vida matrimonial.

Al centro de este triángulo se colocará, irrumpiendo la cotidianidad, Verónica y su relación con aquella cabaña que guarda a un ser que vino de otro mundo. Esta irrupción no será otra cosa que el develamiento de prácticas de la vida privada que rayan con la violencia doméstica y los estragos de una pasión ensombrecida por pulsiones sexuales reprimidas.

Fotograma retomado de la película: Una orgía de animales al fondo del cráter que dejó el meteorito.

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Es notoria la variedad de referencias visuales que guarda La región salvaje, en espacial la correspondencia que sutilmente mantiene con la cinta de horror Possession (1981) del director Andrzej Zulawski, en donde se narra la conflictiva relación de un matrimonio cuya crisis se desencadena porque la esposa ha iniciado una relación erótica y extramarital con un ser maligno.

La propuesta de Amat también retoma una obsesión que es posible encontrar en las alegorías del folclor japonés, más específicamente en la tradición pictórica de grabados conocida como Ukiyo-e (cuya aproximación lingüística al castellano es “Mundo flotante”).

Uno de los primeros artistas de esta tradición, Hokusai (a quien se le atribuye el término manga), en 1814 -periodo en que el sintoísmo (filosofía que propone a los elementos de la naturaleza como avatares o reencarnaciones de Dios) resurgía con variantes en la libertad sexual -pintó uno de sus más conocidos y polémicos cuadros: “El sueño de la esposa del pescador”.

El sueño de la esposa del pescador” (Katsushika Hokusai, 1814. Litografía)

Esta pintura atiende a una obsesión subconsciente que luego se desarrolló entre muchos otros artistas y litógrafos, y es la que en inglés recibe el nombre de Tentacle erotica o Sexo con tentáculos. En el grabado se observa a una mujer desnuda, siendo penetrada y masturbada por un par de pulpos.

La obsesión se remonta a la creencia de que el mar y los procesos naturales de fertilidad, se relacionan espiritualmente, y la mujer, representante de la fertilidad, es la que está, según el mito, mucho más expuesta a los deseos de ese dios que está en la naturaleza.

De este modo, La región salvaje se perfila como una obra que, además de hacer una denuncia social en torno a la violencia, es también un catalizador de creencias y mitologías ancestrales. Tan antiguas como el propio deseo.

Póster oficial de la cinta.

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