La presente entrevista se realizó entre junio y agosto del año 2020. El año de la pandemia.

Sara Sol es una actriz de teatro salvadoreña. Estudió artes escénicas en el CENAR (Centro Nacional de Artes) durante 2015 al 2017. Ha contribuido en proyectos con el Teatro del Azoro como productora, y en el 2017, junto a la actriz Mariam Santamaría (con quien ya había empezado a formalizar el grupo de artes escénicas Teatro al Viento) ganó el premio Ovación, otorgado por la Fundación Poma. Dicho premio les hizo acreedoras de un monto con el que pudieron formarse en talleres auspiciados por la agrupación Teatro de Los Andes, en donde se empezó a gestar la obra con la que se dieron a conocer en la escena teatral salvadoreña en 2019: Yo, Lucía.
¿Cómo surge Teatro al Viento?
Surge del encuentro artístico, o llamémoslo un poco más íntimo entre Mariam Santamaría y yo, en pláticas y talleres fuera del CENAR, pero dentro de las clases no interactuamos mucho porque ella estaba en un año arriba y yo abajo, y no se cruzan mucho. Y pues, coincidimos en intereses de formación, en impulso creativo o ganas de hacer algo ambicioso, y en estéticas. Y quizá también, buscando aliadas y buscando apoyo en proyectos fuera del CENAR. Entonces hablamos de una idea, y luego surgió la oportunidad de aplicar a un fondo para un proyecto, que es el Premio Ovación, y que acabó resultando en Yo Lucia.
¿Quiénes lo conforman?
A través de los proyectos nos hemos dado cuenta de que es algo fluido, pero la esencia que lo conforma es Mariam y yo. Así como hemos visto que el nombre lo sugiere, fluyen los miembros. Ahorita estamos en nuestro tercer proyecto y en cada uno han estado integrados personas diferentes.
¿Por qué el nombre?, ¿cuál es el concepto?
Para nosotras significa fluidez, también fuerza, frescura, movimiento, energía, que tenía que ver con nuestras ganas de hacer, nuestra juventud, y el hecho de que debíamos fluir en cada proyecto. Eso por temor a que el grupo no terminara cuajando, como le pasó a Mariam con otros grupos anteriores: maldición de nombre; le pusieron nombre a algo y al final terminaron haciendo nada. Entonces queríamos esa flexibilidad.
Yo creo que el concepto lo vamos encontrando en el camino. Queremos fluir con la gente que nos vamos encontrando, y con eso ir creciendo, para que el tiempo nos diga al final cuál es el estilo de Teatro al Viento. Pero sí nos hemos encontrado que nos gustan las imágenes poéticas, estilos mágicos, y etéreos. Hicimos un trabajo infantil, pero no queremos que eso nos defina.
¿Qué les impulsó a escribir “Yo, Lucía”?
Yo más que escribir diría crear, porque la escritura fue la última parte del proceso. Lo primero fueron imágenes, escenas, improvisaciones.
Nos impulsó el premio, pero también la necesidad de hablar de la infancia, de cosas que a nosotros nos duelen de nuestra infancia. Sentir que tenemos sueños, y que el mundo (nuestras familias, los adultos, la sociedad) nos alienta para ser todo lo contrario. Poco a poco nos van matando los sueños, como una plantita que se va poco a poco pudriendo mientras va creciendo. Luego aterrizamos a hablar de la niñez que ha sufrido abandono.
Yo había leído un artículo sobre cómo el abandono afecta neurológicamente. Y eso me chocó bastante. Nos preguntamos cómo el abandono afecta a la capacidad de soñar, y ver hacia el futuro. Descubrimos muchas cosas en el proceso de investigación, yendo a orfanatos, haciendo entrevistas a especialistas, y nos encontramos con una realidad que quisimos revelar, y que los medios no lo están haciendo.
También quisimos regalarle algo a esos niños, que fueron nuestra primera audiencia. Decirles que son fuertes y talentosos, aunque el mundo externo diga lo contrario.

Con la llegada del covid, ¿cuáles fueron las mayores dificultades?
Como te imaginarás era la mera de sostenernos económicamente. Todos los proyectos se cayeron. Lo primero que cerró fue el teatro y las escuelas para las que dábamos clase. Entonces, tuvimos que cambiar el panorama, nuestros paradigmas y proyecciones que teníamos para el año.
Cada una vivía distintas realidades: Mariam estaba en La Cachada teatro, y tiene ese ingreso. Algunas tenemos el apoyo de la familia. Pero la motivación a trabajar, por la incertidumbre de no saber cuándo comenzará todo, ha sido una gran dificultad.
Tuvimos muchas ideas que apuntaban a lo virtual, pero es un medio muy lejano a lo que hacemos. Nuestro trabajo existe en relación a otro ser humano.
¿Han tenido el apoyo de instituciones culturales no gubernamentales?, ¿cuáles?, ¿de qué forma?
Pues al grupo no exactamente. Aplicamos a una financiación que viene de Gran Bretaña (Arctivists), pero no quedamos. Nos asociamos con Asociación Cultural Azoro (ACA) y El Zonte Arts & Learnign Inc., que financia a la Escuela Libre El Zonte, de Paola Miranda (actriz de Teatro del Azoro). Aquí también está dando o dará residencia Jeremías, que es el otro director de Yo, Lucía, para el proyecto de las Casas Lambe lambe de teatro miniatura.
¿Qué planes tienen para reactivar su proyecto escénico?, ¿probarán nuevos formatos?, ¿cuáles?, ¿de qué tratan?
Pues en este momento le apostamos a las Casas lambe lambe, que es teatro en miniatura. Esta técnica, hasta donde sé, no se ha probado en el país: son cajas hechas para una sola persona. En las cajas habrán pequeñas figuras que crearán una historia. Ahorita no hay un tema específico para tratar. La idea es romper el hielo y aprender haciendo.

¿Han surgido ideas sobre puestas en escenas a futuro, relacionadas al tema de la crisis actual?, ¿creen que el covid será tema de obras futuras?
Pues algunas ideas al aire. Las casas lambe no necesariamente tratarán este tema. Ahí son temas libres y puede que aparezca o no. Hace poco estaba leyendo sobre un futuro, en el que el teatro hablará mucho de lo apocalíptico. Y claro que afectará no sólo temas, sino los estilos del teatro, por ello, nos vemos obligadas a cambiar la forma de hacer teatro y seguir, pues la distancia social lo amerita.
¿Cómo están haciendo para no perder los lazos como grupo en este tiempo de cuarentena?
Pues ahí, escribiéndonos y preguntándonos cómo estamos. Así es como hemos estado teniendo reuniones sobre las posibilidades de ingreso. Ciertos sentires de algunos integrantes del grupo, nos motivaron a hacer este proyecto de las casas Lambe lambe como algo oficial de Teatro al viento.
Aunque estas cajas sean individuales, queremos apoyarnos como grupo y tener esa fuerza en el colectivo, porque como teatreros somos seres de manada, nos movemos mucho a través del apoyo del compañero. Decidir hacerlo juntos ha sido fundamental para concentrarse en esto, y creer que esta alternativa nos dará ingresos y trabajo en un futuro cercano.
Esto se plantea como un acercamiento al público, de manera segura en estos tiempos. Y claro, inspirar a otros para buscar y crear alternativas en el mismo contexto. Si esto se puede, también se puede esto otro.
