
Mayo de 1968. Las calles de París se inundaron de turbas eufóricas de jóvenes estudiantes, anarquistas, humanistas, artistas y ciudadanos comprometidos con la transformación de Francia. Los muros de la ciudad, como dijo el periodista Rodolfo Walsh, fungieron como la imprenta del pueblo, en donde se enfatizaba el espíritu de cambio que se profetizaba, a través de pintas como: <<Seamos realistas, exijamos lo imposible>>, o <<Estudiantes solidarios con los trabajadores>>.
El objetivo: derrocar al sistema occidental de normas, fuerzas represivas y burocracias, con ayuda de lo que denominaban la revolución cultural.
El pasado glorioso y contradictorio de la China Maoísta, era una especie de inspiración para los entusiastas revolucionarios de aquellos años, en los que de hecho, se incluyeron personalidades mediáticas del mundo académico y artístico (que en algún momento fueron interpelados por sus posturas políticas) como: Michel Foucault, Jean-Luc Godard, Simone de Beauvoir, Sarte o Lacan, por mencionar algunos.
Es en estos jovencísimos años, a principios de los 70’s, repletos de vanguardias políticas y artísticas, rebeldía sexual, fiestas lisérgicas, mota y reivindicación radical del amor, en los que se recrea la película de 2012 Après mai (Que en español se tradujo como “Después de Mayo” y en inglés “Something in the air”), que compitió en la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Venecia, y en el que su director y guionista, Oliver Assayas, fue acreedor del Premio a Mejor guion.
La película arranca con un primer acercamiento al clima de agitación que vivía Francia durante las protestas de 1968. Los enfrentamientos entre milicia y grupos estudiantiles, efectúa el movimiento de la historia que obliga a vencedores y vencidos a tomar posiciones y hacer de las calles el campo de batalla. Luego nos trasladamos al futuro, que es el presente del relato.

Este clima de liberación y violencia, se convertirá en la cicatriz que acompañará el alma inquieta de los protagonistas, un grupo de amigos cuyo viaje por Europa, les obligará a tomar decisiones en torno a sus deseos y compromisos. Todo en medio de un mundo en plena transformación tecnológica y cultural, en donde los valores tradicionales comenzaban a cuestionarse y a impulsar luchas personales que también influían en lo colectivo.
El centro de gravitación del relato lo ocupan Guilles (interpretado por Clément Métayer), un aspirante a pintor y Christine (Lola Créton), una chica entusiasta del cine comunitario. Ambos fragmentados entre lo que son y quieren ser; militantes del mismo espíritu de época, ese que los hace ver al mundo y a sus propios ojos con pasión, pero que a la vez, los involucra en la inconclusa marea de descontento social que les hace abanderar las utopías de su momento y buscar como nómadas un lugar y una razón para seguir creyendo en dicha utopía.

Sus vidas están trazadas por algo más que Marx, la música de Syd Barret, Captain Beefheart o el misticismo de la adolescente new age, con sus influencias recogidas del hinduismo y los mitos orientales. Este será el motivo del despliegue del abanico de emociones en el la vida de Gilles y Christine, en el tiempo posterior al Mayo del ‘68.
Este conflicto constante, permitido por la época en la que coincidieron, podría explicarse con lo que los antiguos griegos llamaban el roce entre el amor eros (el que desprende los apetitos carnales) y el amor ágape (el que se incrusta en la visión del bien común, la reconstrucción comunal y el olvido del Yo).
Assayas propone una tragedia personal (¿hay alguna que no lo sea?), en el corazón de la juventud y el epicentro de los sueños colectivos, que precipitadamente, se encargarán de incrustar preguntas y dudas existenciales sobre el futuro y el destino de lo que en algún momento fue sinónimo de esperanza.
Estudiosos del cine, como Gustavo J. Castagna o Jordi Cardenall, coinciden en que Aprés mai, también puede verse como una correspondencia directa hecha hacia el film The dreamers (2003) de Bernardo Bertolucci. O dicho de otra manera, reconocer la otra parte de la revolución. Lo que pasó después. Lo que fue de aquellos chicos que soñaban en conseguir lo imposible. La deriva a la cual sometieron sus vidas, una vez que los tiempos revolucionarios se acabaron.
En una entrevista del 2020 realizada por Agencia EFE a Assayas, él dijo que se consideraba a sí mismo desde esta postura:
“Soy un cineasta que intenta a su manera ser también un historiador, que intenta tener algo de perspectiva histórica sobre los hechos”.
Esta reflexión evidencia el interés que tiene Assayas por colocar en escena los impactos personales que dejan los hechos históricos en quienes y desde donde los viven. A su vez, marca una apuesta dentro del cine, por recuperar la memoria histórica dentro de la ficción.
De cierta forma, a pesar de las distancias temporales que dividen a la sociedad actual con la que retrata el director, se puede deducir que sí hay una lectura que se puede hacer desde afuera de la historia temporal, y es aquella en la que vemos con lucidez, los recuerdos y deseos que tuvimos en alguna época secreta de nuestras vidas, en donde pensábamos que amar era sencillo y cambiar al mundo mucho más.
