Las niñas bien: “Me olvidé de vivir”

Póster oficial de la campaña de promoción de la película “Las niñas bien” (2018), de la directora mexicana Alejandra Márquez Abella.

Según el informe del 2019 sobre desarrollo humano en América Latina del PNUD, rescatado por el periodista de la BBC, Gerardo Lissardy, en la región hispanoparlante, el 10% más rico concentra una porción de ingresos equivalente al 37%, frente a la gran mayoría precaria (40%), que recibe sólo el 13% en materia de ingresos totales por región.

En otras palabras, la desigualdad social es un germen, que hasta el día de hoy impera con gran fuerza en América Latina. Sin embargo, en la medida en que se mueve el mercado, así también se reconfiguran las clases sociales.

Este particular elemento socioeconómico, fluctuante y rotativo, es el punto de partida para relatar con ironía, sátira y melodrama, la historia que plantea Las niñas bien (2018), dirigida por Alejandra Márquez Abella, la cual se remonta en la crisis económica que vivió México en 1982, para hablar de los vacíos existenciales que la enorme deuda provocó, en cierto sector de la sociedad que estaba acostumbrado a los viajes por el mundo, el buen vino y la etiqueta.

Inteligentemente, esta película nos acerca a la vida cotidiana de las familias pudientes de aquellos años, pero particularmente a las mujeres que conformaban estos núcleos: esposas, madres, hermanas o amantes, que lejos de tener una relativa libertad, gracias a las riquezas económicas que poseían, seguían siendo objetos decorativos que debían responder con obediencia, a los mismos círculos cosmopolitas a los que pertenecían.

Dicho de otra manera, estas mujeres, a pesar de su estatus social, no escapaban de las jaulas de cristal que imponían los hombres con quienes compartían vidas repletas de excesos, fiestas, joyerías, clubes privados, mansiones, servidumbres y cuentas millonarias monetizadas en dólares.

Su estreno tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine de Toronto, el 9 de septiembre del año 2018. La película participó en diversos festivales, como el de Morelia o Málaga (en donde ganó el premio a Mejor película Iberoamericana) y recibió galardones, como los premios Ariel que otorgó la Academia Mexicana de Cine a Ilse Salas por su actuación, Tomás Berreiro por la música, a María Annai Ramos por el diseño de vestuario y al maquillaje de Pedro Guijarro Hidalgo.

Concretamente, la película sigue la historia de Sofía -a quien Ilse Salas se encarga de darle vida-, una mujer de mediana edad que vive con sus pequeños hijos, esposo y empleada doméstica en una mansión ubicada en Las Lomas de Chapultepec, una zona residencial y comercial que se encuentra al oeste de la Ciudad de México, reconocida por ser habitáculo de millonarios y herederos de fortunas grandilocuentes.

Sofía y sus amigas (entre las cuales figuran las interpretaciones de Cassandra Ciangherotti, Paulina Gaitán o Johana Murillo) comparten lujos, como el club de tenis, las alhajas y joyerías que portan, las conversaciones mundanas sobre chismes y demás, y desde luego, el temor constante sobre los cambios percibidos en torno a la economía mexicana.

Póster alternativo de la película: Ilse Salas interpreta a Sofía, una mujer acostumbrada a los lujos, pero subyugada a un mundillo en el que las mujeres no escapan del machismo y las relaciones de poder desiguales.

Más temprano que tarde, estos cambios comenzarán a minar y a reconfigurar sus lujos y por tanto, también sus relaciones interpersonales, develando así los rostros desenmascarados de estas mujeres, de cierta manera enclaustradas en un modelo de vida con sus propios valores opresivos.

A pesar de que Alejandra Márquez Abella -su directora- se atreve a narrar esta historia con tintes humorísticos, no condena a sus protagonistas por los despilfarros que pronto las llevan al ahogamiento económico, sino todo lo contrario, también se permite empatizar con estas mujeres y reconoce su propio drama, uno que hace vislumbrar muy implícitamente, los conflictos políticos que han llevado a México al desgaste y la ruina de diversos sectores sociales.

Desde luego, Las niñas bien, al fin y al cabo no busca hacer una apología del sufrimiento de la gente rica. Sí evidencia que la desigualdad que sufren las mujeres, no se escapa de los círculos de la alta sociedad y tal vez por eso, aunque se ambiente en los años 80’s, se percibe tan actual.

Pero muy profundamente (y esto además de actual, lo vuelve universal), el film es un recordatorio estremecedor, que sin apelar a la moral ni la corrección política, se le aparece a Sofía constantemente, en la composición musical de Julio Iglesias -a quien la protagonista admira -que reza:

De tanto correr por la vida sin freno

Me olvidé que la vida se vive un momento

De tanto querer ser en todo el primero

Me olvidé de vivir los detalles pequeños.

De tanto jugar con los sentimientos

Viviendo de aplausos envueltos en sueños

De tanto gritar mis canciones al viento

Ya no soy como ayer, ya no se lo que siento”.

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