El castillo de la pureza: Radiografía del macho

Fotograma retomado del film “El castillo de la pureza”, de 1972, del cineasta mexicano Arturo Ripstein.

Advertencia: La película aquí reseñada, puede que se analice desde coordenadas muy actuales y contemporáneas. Es probable que su director, no haya pensado en ella bajo esta lectura.

Uno de los cineastas latinoamericanos más provocadores del siglo XX, ha sido el mexicano de ascendencia judía Arturo Ripstein, quien mantuvo una estrecha relación de amistad y aprendizaje con el surrealista español Luis Buñuel.

En el año 1972 estrena su sexto largometraje, El castillo de la pureza, cuyo título (la misma película lo dice en los créditos) está retomado de un ensayo literario del poeta y académico Octavio Paz, publicado en 1968 por la editorial Era: Marcel Duchamp o el castillo de la pureza ”.

La propuesta editorial que supuso el ensayo de Paz, fue innovadora ya que se trataba de una publicación que cuestionaba al objeto libro desde su concepción. Marcel Duchamp o el castillo de la pureza, fue un libro-maleta, que intentaba trazar un diálogo entre la obra del dadaísta Marcel Duchamp y la sociedad mexicana de ese tiempo.

En 1968, en plenos Juegos Olímpicos, México lideraba una lucha social-estudiantil en contra del modelo neoliberal y de corte militar, que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz implementaba. A Díaz Ordaz se le responsabilizó por la llamada “matanza de Tlatelolco” y otros crímenes que la represión perpetró. Frente a este clima, Octavio Paz junto con el artista visual Vicente Rojo, decidieron emprender la creación de un objeto cultural que pudiese tener una interacción dinámica y en clave de acertijos con l@s lector@s.

Cuando Ripstein supo de esto, le pareció que era una gran metáfora por parte de la crítica que comenta al arte crítico en clave de arte. Su película, El castillo de la pureza, retoma el acertijo como estrategia de conversación para hablar de un sistema opresor y hasta cierto punto normalizado por la sociedad.

El relato que Ripstein construye, está basado en un hecho que abarcó los diarios mexicanos en 1959. Hecho que también inspiró a Luis Spota para escribir la novela La carcajada del gato.

En la avenida Insurgentes Norte, número 1176, se encontraba una casa con pinta de estar abandonada. Ahí vivía una familia integrada por un matrimonio joven y sus seis hijos: Una pequeña de 10 años, una recién nacida de 45 días, y el resto en edades adolescentes. Estos jóvenes, habían sido bautizados con los siguientes nombres: Indómita, Libre, Soberano, Triunfador, Bienvivir y Libre Pensamiento. Como último dato, según lo constataron los periódicos, a partir de las denuncias hechas por los hijos del matrimonio y la madre de ellos, aseguraban haber estado recluidos en esa casa por 18 años. Sin televisión, radio, diarios, libros o cualquier contacto con el mundo exterior. Supuestamente, los chic@s trabajaban dentro de la casa, en un laboratorio improvisado para crear insecticidas artesanales, que después era comercializado por el padre de la familia.

El caso de los Pérez Noé (que eran los apellidos de la familia), es reconstruido y friccionado con minuciosidad en esta cinta. Arturo Ripstein tomó el anécdota e hizo una libre adaptación en un guion, con ayuda del escritor José Emilio Pacheco, que recurre a la teatralidad y el simbolismo, para colocar sobre la mesa temas que en la actualidad podrán seguir siendo incómodos de abordar. No sólo en el cine. También en la literatura o el periodismo.

La violencia en El castillo de la pureza, muta con facilidad: a veces es sutil, luego puede asfixiar, pero lo que sí es certero, es que siempre emana de las paredes como un fluido sobrenatural. La tensión es un elemento que se va construyendo paso a paso, minuciosamente, como piezas de una mecánica de relojería.

El 20 de mayo de 1973, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias del Cine, por los méritos cinematográficos logrados en esta propuesta, concedió 5 premios Ariel a la película de Ripstein, incluyendo Mejor película, Mejor guion, Mejor actriz y Mejor actor.

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Beatriz, interpretada por Rita Macedo, es una mujer desesperada, con la ternura como último escudo frente a la ira de su esposo, Gabriel Lima, interpretado por Claudio Brook, el patriarca de esta familia que les ha dicho a sus hij@s, Porvenir (interpretado por Arturo Beristáin), Utopía (interpretada por Diana Bracho) y Voluntad (interpretada por Gladys Bermejo), que el mundo del exterior de la casa en la que han vivido y jamás salido desde que tienen memoria, está sucio, corrompido, intoxicado por el mal y los fantasmas de la perdición.

La situación se complica cuando l@s herman@s adolescentes, Utopía y Porvenir, inician su etapa de despertar sexual, lo que les obliga a buscar consuelo en el otr@, y por tanto a experimentar clandestinamente sus deseos eróticos.

Es en este encierro en el que sucede la acción. L@s chic@s, como l@s de la historia original, trabajan en casa fabricando veneno para ratas, y reciben clases de gimnasia y literatura (reducidísima), bajo una rutina repetitiva y vigilada.

Todo el tiempo llueve en la fotografía brumosa de Alex Phillips. Esto genera, además de una atmósfera desoladora, la sensación de estar sumergido en un sueño (¿pesadilla?) permanente. A esto se añade la banda sonora compuesta por Joaquín Gutiérrez Heras, que entona muy bien -aunque no deja de ser hija de su época- con el ambiente semi oscuro, húmedo y frío.

El castillo de la pureza se hace la pregunta, ¿qué es la pureza?, ¿quién la concibe y desde dónde?

Bajo una lectura feminista y contemporánea, el relato que cuenta esta película, bien podría representar a cualquier sistema social, regido desde un patriarcado-machista llevado hasta sus últimas consecuencias.

En una reciente ponencia virtual realizada por FES Comunicación, la antropóloga Rita Segato, comentaba que el patriarcado necesita del control de los cuerpos y de las mentes para perpetrarse. Que en eso se basa todo sistema de dominación y más específicamente, toda estructura militar.

El patriarcado, decía Segato, es un reclutamiento que inicia con el adiestramiento de los varones, en la capacidad de controlar física y metafísicamente al mundo y lo que hay en él: la propiedad privada, la dominación sexual, el adiestramiento y caza de las bestias, el posicionamiento de valores culturales, legislaciones y formas de vida.

Fotograma retomado de la película: De izquierda a derecha Claudio Brooks como Gabriel Lima; Rita Macedo en el papel de Beatriz; Diana Bracho como Utopía; Arturo Bersitaín interpreta a Porvenir y la pequeña Gladys Bermejo es Voluntad.

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Esta película recuerda a Dogthoot (2009) del director griego Yargos Lanthimos. Aunque, por las fechas de estreno, en realidad tendría que ser al revés. La de Lanthimos recuerda la de Ripstein. A grandes rasgos, Dogthoot es el relato de unos padres de familia que mantienen a sus hij@s encerrad@s en su mansión de lujo. Estos padres también moldean el mundo a su antojo, pero en vez de mitos y mantras, les hacen desaprender sobre la realidad a l@s progenit@res a través del lenguaje: diciéndoles que las sillas se llaman patos, los sombreros bananas o las guitarras asteriscos (etc.).

La diferencia entre una y otra película podría ser, en tanto su forma, enorme; pero de fondo ambas rastrean las consecuencias del control excesivo y la obsesiva necesidad de perpetuarse a través del dominio de l@s otr@s. (De los hijos). Así funciona el patriarcado. De eso se trata la necedad de mantener ocultas conversaciones relacionadas a derechos reproductivos o diversidad social.

Además, en la cinta de Ripstein, se asoma la trágica idea de cómo a veces las víctimas de este sistema (sin darse cuenta de que lo son), avalan sus normas porque se han creído los falaces discursos de supuesta seguridad, que el mismo sistema otorga a quien se porte bien.

El personaje de Gabriel Lima, es un claro símbolo del macho. Ripstein y Pacheco lo dotan de su fragilidad enmascarada de masculinidad, armado con el más fino gaslighting y revestido de un aura de padre de familia responsable, cabeza y proveedor del hogar.

A pesar de la tragedia que Ripstein plantea, se asoma una tenue luz, como de flama a punto de ser apagada por el viento, y es que de alguna u otra forma, todo sistema opresivo -que ha nacido del patriarcado- tarde o temprano cae por su propio peso. La situación es insostenible. Siempre, en algún momento, alguien dirá ¡basta!, y cuando eso pasa, hay probabilidad de derribar las paredes del castillo.

Póster oficial de la película “El castillo de la puereza”.

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