
Trailer oficial de La llorona (2019)
Hay películas que tienen una excelente publicidad y acaban teniendo un contenido carente de originalidad. También están aquellas, que a pesar de su poca visibilidad publicitaria, llegan a ser excelentes filmes.
La llorona (2019) del guatemalteco Jayro Bustamante, es una cinta que para su fortuna, tuvo muy buena publicidad y al mismo tiempo, ofrece una propuesta reveladora.
Destaco el factor publicitario, no como un valor con el que deba calificarse una película. Es obvio que el cine se analiza por su propuesta en sí, pero en este caso, su contenido publicitario fue muy acertado, tanto para atraer audiencias, como para reservarnos una experiencia enriquecedora al momento de ver la película, que creo, debería de ser un mérito organizacional en toda cinta.
Dicho esto, precisa mencionar que las películas que se producen en Centroamérica, a veces tienen que depender exclusivamente de su buena propaganda, para así llenar salas de cine, en vista del reducido espacio que existe en medios de comunicación o en las academias, para difundir y debatir de mejor manera las propuestas de la región.
Entrando en materia, La llorona es una película que tuvo su estreno el 30 de agosto de 2019 en el Festival de Cine de Venecia, en donde su director y guionista, Jayro Bustamante, ganó el premio al mejor director.
Esta película ha sido nominada a los Premios Globo de Oro 2021 y junto al documental salvadoreño Imperdonable (2020) de la documentalista Marlén Viñayo, es la otra película centroamericana que entra en competencia a nominación por el Óscar 2021, con la diferencia de que esta, es seleccionada en la categoría de Mejor película internacional y la cinta de Viñayo en Mejor largometraje documental.
El guion de esta cinta, co-escrito por Lisandro Sánchez, se inspira en los genocidios ocurridos contra un aproximado de 1771 indígenas de la etnia maya ixil, a manos de la Fuerza Armada de Guatemala. Suceso que tuvo lugar en la región petrolera del Triángulo Ixil entre 1981 y 1983, durante los periodos de guerra civil del país centroamericano.
La premisa se centra en un momento específico en la historia pública de la familia Monteverde. El general Enrique -interpretado por Julio Diaz-, ahora un hombre jubilado y convertido en abuelo, enfrenta un proceso judicial, en el que se le acusa de haber participado en crímenes contra poblaciones indígenas durante la represión del gobierno de José Efraín Montt.
Durante este proceso jurídico, la salud -tanto física, como en apariencia, mental -de Enrique, se va deteriorando. Y no es para menos: la presión mediática y social, llevan a la familia; integrada por Natalia, la hija de Enrique (interpretada por Sabrina de La Hoz), Carmen, la esposa del ex general (interpretada por Margarita Kenéfic) y la nieta de la pareja Monteverde e hija de Natalia, Sara (interpretada por Ayla- Elea Hurtado), a confinarse en su propia casa, debido a que una turba de manifestantes, provenientes de organizaciones defensoras de derechos humanos y población indígena, conjuran protestas entre gritos y tamborileos, en contra del supuesto genocida Enrique Monteverde.

Esta turba se convertirá en un personaje omnipresente en la primera mitad del film. Los ecos de los manifestantes, integran el ambiente sonoro, de manera muy inteligente, provocando un drama familiar, o un retrato del caos íntimo, que puede vivir, incluso gentencon tanto poder como la que nos presenta Bustamante. Y es que este hecho, revela un discurso de impunidad que logramos detectar en algunos de los personajes, como en el caso de Carmen.
La música estuvo dirigida por Pascual Reyes. Una banda sonora pertinente, que no opaca la acción, sino más bien, la acompaña. Y esto siempre se agradece en el cine.
El tema de las protestas y el acoso de los manifestantes, es clave para entender el hilo articulador de los hechos, que luego se van conformando como sucesos de índole sobrenatural y no meras especulaciones subconscientes, y esta es la gran virtud de la cinta. Que de un drama aparentemente histórico y político, nos lleva a un mundo mágico, construido por atmósferas que recuerdan al Pedro Páramo de Rulfo.
La supuesta locura del retirado general Enrique radica en que, por las noches, escucha los gemidos o llantos de una mujer invisible; esto estalla en acciones violentas que hacen que el personal que trabaja en la residencia Monteverde, decida renunciar. La ama de llaves, Valeriana (personificada por María Telón), se ve obligada a buscar a alguien que ayude en las labores domésticas. Es así como llega a trabajar a la casa la joven Alma (interpretada por María Mercedes Coroy, quien ya tuvo la oportunidad de trabajar con el director en su ópera prima Ixcanul del 2015), una mujer con rasgos indígenas que siempre viste de blanco y cuya belleza, es extrañamente inquietante.

La estadía de Alma desata una serie de anomalías: El comportamiento de Enrique se vuelve mucho más errático; su esposa Carmen, a su vez, tiene pesadillas en donde ella intenta rescatar a un par de niños indígenas de voces violentas; la pequeña Sara cultiva una relación de amistad con Alma, quien le enseña juegos que en apariencia son inocentes, pero que de fondo, construyen en verdad un recuerdo sórdido y trágico de Alma.
Natalia, por su parte, entra en un cuestionamiento sobre la verdad de su familia. Es decir, la legitimidad de los crímenes y vínculos con la represión del pasado Y su propio retrato a partir de la ausencia del padre de su hija. Todo esto se logra meticulosamente, sin necesidad de grandes efectos visuales, pero sí enfatizando con actuaciones inolvidables.
Sólo diré que el desenlace de la película, que es el momento más espectral, en el sentido sobrenatural, zanja muy bien la historia, mostrándonos y explicándonos el por qué de las anomalías provocadas por la presencia de Alma en la casa. Esto quiere decir, que cada detalle puesto por Bustamante en el lente, es un acertijo sobre la verdad del pasado de Enrique.
Como dato subjetivo: El verdadero horror de la cinta no son los fantasmas que ahí aparecen, aunque crean ambientes sombríos e incómodos. El horror de La llorona atiende más a los estragos de una guerra civil. A la represión, la impunidad, el clacismo que aún existe en America Latina, la xenofobia, la ira social que provoca la violencia y la desesperada lucha entre olvido y memoria, aún vigente para muchas naciones que han vivido pesadillas genocidas, racistas o simplemente originadas por el odio.