“Me regalaron el mundo espiritual a su manera.”
Silvina Ávila ( “La mágica vida y obra de Remedios Varo”, 2019)
Ella despertó sobresaltada. Había soñado que la piel se le endurecía y se le caían las orejas. También las pestañas y las cejas. En general, en el sueño se le caía todo el pelo hasta quedar lampiña. Incluso el vello púbico desaparecía. Sus piernas larguiruchas quedaron lisas.
Al inicio, verse así en lo onírico no fue problema. El asco vino cuando aparecieron las membranas y las escamas. Cuando en el pecho y la panza aparecieron esas extrañas aletas que se alargaron hasta formarle una cola que le hizo desaparecer el trasero.
Por suerte, sólo fue un sueño. Ahí acostada, se aseguró de que todavía conservara su pelo poblándole todo el cuerpo, sus orejas puntiagudas, su hocico largo y sus garras en las patas. A su lado dormía él. Precioso hombre-perro, pensó, y se volvió a dormir.
Imagen: “Hombre lobo” (Maurice Sand, 1857)